miércoles, 28 de marzo de 2012

Cuando todavía estaba en preescolar, mi profesora de vez en cuando, puede que una vez a la semana o al mes, nos hacía representar una obra de teatro de un cuento. Solían ser los típicos de Disney o cuentos populares como La ratita presumida o Caperucita roja.
Siempre nos preguntaba que queríamos representar y yo siempre elegía el papel de la bruja. En realidad yo quería ser la princesa o la protagonista de la historia, pero ya entonces tenía miedo que el resto del mundo pensase que era vulnerable, para mi todas aquellas princesas eran debiles, pues necesitaban que alguien las salvase y yo no podía dejar que pensasen eso de mi.



En mi cabeza hay una recuerdo de cuando íbamos a representar Blancanieves, y yo había pedido ser la Bruja -creo que incluso me puse un poquito pesada- y mi profesora, Matilde me preguntó:
- Ana, ¿por que quieres ser la bruja?
- Porque es mala, como yo. - Contesté.
En mi cabeza que los demás me viesen como mala era mucho más aceptable que me viesen como débil. Y en los años posteriores eso no cambió, la gente opinaba de mí que era una persona huraña y sin sentimientos y yo reforzaba esa imagen, pero a la vez me dolía que pensasen eso de mí, que nadie me apoyase porque nadie sentía que necesitase hacerlo, si no que yo podía ser un buen apoyo porque era una roca impenetrable.
Con los años me doy cuenta que aquella tontería de niña pequeña de querer ser la Bruja de los cuentos me ha convertido en lo que soy ahora: alguien que puede sonreir aunque en su vida las cosas se desmoronen, para demostrar que no sufre; alguien que nunca llora en público porque siente que sería patético y una muestra de debilidad y alguien que es incapaz de confiar en absolutamente nadie totalmente, pues cada vez que lo hace cree que la van a decepcionar.
He perdido personas por culpa de todo esto, por no creer que me importaban lo suficiente y yo ser incapaz de demostrarlo o por decepcionarme increiblemente por ser incapaces de conocerme de verdad y saber que también tengo sentimientos. Esto es lo que más me duele de ser como soy, que en muchas ocasiones me pesa la soledad, porque a veces, por culpa de como soy, también me pierdo a mí.
Anne.

viernes, 23 de marzo de 2012

Cosas que quiero hacer -sección cocina-

Me encanta cocinar. Siempre me pareció algo divertidísimo, pero para ser más concretos -aunque toda receta es interesante de hacer- adoro la repostería eso de batir, mezclar, ver como crecen los bizcochos gracias a la levadura o como cogen forma las galletas en el horno.
Pero esto se contradice con lo tremendamente vaga que soy y, además, cada vez que me entran unas ganas imperiosas de coger los instrumentos y ponerme a cocinar aunque sea la receta más fácil, me encuentro con el mismo problema: en mi casa no hay mantequilla. Mi madre tiene una especie de aversión por las cosas calóricas y desde hace años opta por no comprarlas. Así que cuando un domingo a las 5 de la tarde me apetece hacer galletas, pues me quedo con las ganas.

Quiero cambiar eso, puede que también lo necesite. La repostería es en mi opinión una de las mejores terapias que hay. Hubo una época en que hice muchos bizcochos pero vivía de lo más tranquila y era muy feliz -puede que fuese por otras cosas también, pero recuerdo momentos de cólera que se pasaban dándole a las varillas-.
Mi reto de este año -a modo de amago de propósito- es hacer todas esas recetas que están ahí esperando a que les dé vida, lo que me obligará a comprar mantequilla y no comérmela. Ilustro más abajo cuales son esas recetas que están cogiendo polvo.

Galletas con glasa:

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Son las típicas galletas que aparecen en las películas y series americanas -algo en lo que yo gasto bastante tiempo-. Las tres primeras: los heladitos, las cartas de amor y la ranita, son del blog El rincón de Bea donde además de bastantes más formatos explica detalladamente como hacer la masa de las galletas, como hacer la glasa y como decorarlas. La última de Hello Kitty es del blog Experimentos con azúcar, porque me encanta esa gatita, pero creo que empezaré con los sobres, que malo será no me salga hacer cuadrados.


Magdalenas con buttercream o cupcakes:


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También muy vistas en series y películas americanas. Tuve la oportunidad de probarlas en mi viaje a Madrid del año pasado, en una tienda que nos encontramos por casualidad y la que elegí estaba absolutamente deliciosa. Me encantaría aprender a hacer los cupcakes de Barrio Sésamo, pero he de ser realista así que aspiro a hacer los de la frambuesa en la punta del buttercream.


Macarons caseros:


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Asocio bastante este pastelito francés a Gossip Girl y más concretamente a Blair comiéndolos dentro de la bañera para luchar contra su otro apetito por Chuck. Esta especie de sándwiches los probé en Santiago de Compostela -en mi estupenda estancia de dos años intentando ser alguien y perdiéndome por el camino-. Hay una tienda al final de la Rúa Doutor Teixeiro, que vende comidas de otros países y que no se suelen ver por aquí y que descubrí gracias al blog Chic and Chocolate, que vivía en la misma ciudad. Un día me pasé por allí y compré tres para compartir con mis compis y, sinceramente, que momento más delicioso y de momento irrepetible. La receta es un poquito complicada pero espero tener la ayuda del Club de la Ducha, ellos saben quien son.


Tartas varias:


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Las tartas es algo más fácil de encontrar el momento de hacerlas, siempre hay un cumpleaños o una festividad en la que quedan bien. El problema es que siempre hago mis tres especialidades: la tarta de galleta, chocolate y flanín -véase también, tarta de la abuela o típica tarta de cumpleaños-, la tarta de queso receta de mi tía -a la que hice un par de modificaciones- y la tarta de manzana que empecé a hacer un día que teníamos que consumir una bolsa de manzanas en dos días para que no se estropeasen.
Rainbow cake. Tengo sentimientos encontrados con esta tarta, me encantaría hacerla, pero no sé si me atrevería a comérmela. Tantos colores no me dan confianza, pero es preciosa y también implicaría que tengo que usar fondant, algo que descubrí hace años y me hizo entender porque eran tan perfectas las tartas de las películas americanas.
Tarta tres chocolates. La descubrí por un video de Isasaweis, me parece ideal para no repetir siempre la tarta de galleta en los cumpleaños y como sigue siendo de chocolate ¿a quien no le va a gustar?
Hello Kitty cake. Esto no necesita explicación. Confío que después de 100, la 101 salga la cara perfecta.
Red Velvet cake. Parecida a la Rainbow cake pero con el bizcocho rojo solamente. Se suele hacer la versión en forma de corazón para San Valentín -muy a cuento-.


Cake balls:


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Mi más reciente descubrimiento culinario. Cuando veo estas cosas me imagino como la perfecta anfitriona preparando meriendas en las que poner estas cosas a mis invitados. Mis hijos me odiarán porque les haré fiestas temáticas hasta los 18 -que huirán de casa y no querrán ver un pastelito en su vida.

martes, 20 de marzo de 2012

Reseña, Criadas y Señoras

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Mi madre me había hablado de este libro hace bastante tiempo, pero no le dí importancia o por lo menos no me pareció lo bastante importante como para cogerlo y como mínimo leer la contraportada, por saber de que trataba. No fue hasta la gala de los oscars donde me entró curiosidad por él, ya que su película homologa estaba nominada a tantos premios la historia debía ser, por lo menos, interesante.

RESUMEN:

La historia, ambientada en un pueblo de Missisipi llamado Jackson, trata el tema de la segregación racial a través de la vida de tres mujeres: Aibileen, Mini y Skeeter.

Aibileen trabaja como criada para Miss Elizabeth, perdió a su hijo al ser atropellado y abandonado delante del hospital para negros demasiado tarde para salvar su vida. Le encantan los bebés, parte buena de su trabajo en que se ve obligada a criarlos, sin embargo también la más agridulce puesto que esos mismos niños que tanto la quieren cuando son pequeños se convierten en los adultos que luchan para mantener las diferencias raciales.

Mini, también criada, trabaja en un principio para la madre de Miss Hilly, después para la propia Miss Hilly y tras un desagradable incidente con una tarta, termina trabajando –a escondidas- para Miss Celia. Es madre de unos cinco hijos y está casada con Leroy, alcohólico y maltratador. Es bastante respondona, lo que le hace perder trabajos, pero muy buena persona.

Skeeter, a diferencia es blanca y de buena familia, regresa a Jackson tras acabar la universidad –algo extraño, puesto que sus amigas lo dejaron mucho antes al encontrar marido-. Su sueño es ser escritora y le gustaría cambiar las cosas, no comparte las ideas racistas de sus amigas.

Es el sueño de escribir sobre algo que merezca la pena de Skeeter lo que la lleva, junto a Aibileen, a escribir un libro sobre las criadas negras que trabajan en casas de blancos y todo lo que sucede alrededor, más adelante con la ayuda de Mini y, finalmente, con la de casi todas las criadas de Jackson el libro consigue salir adelante y trastoca la vida de todos los que lo leen.


OPINIÓN PERSONAL

Hacía mucho tiempo que un libro no me atrapaba de la manera en que Criadas y Señoras lo hizo. Apagaba el ordenador para seguir leyéndolo, me lo llevaba a clase y admito haberle echado un ojo de vez en cuando, me daban las tantas devorándolo… estaba ansiosa por descubrirlo todo desde la jugarreta que Mini le había gastado a Miss Hilly hasta qué demonios le pasaba a Miss Celia, con la angustia de no saber si se podría publicar el libro y la tristeza de que el 1963 es un año que no está tan lejos del que vivimos y aunque conozca el mundo, me sigue pareciendo impresionante que solo hace 50 años la gente tuviese el reducido cerebro de pensar que el color de la piel hacía que las personas fuesen tan distintas como para que tuviesen que estar separadas físicamente en cada terreno de la vida y la alegría de que, aunque pocos, había personas que soñaban con un mundo mejor.

Es precioso a la vez que duro, por que el final -por lo menos a mí- te deja con la sensación de que por mucho que hagas a veces nunca vas a conseguir cambiar del todo algunas cosas y a algunas personas.


PELÍCULA

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Me suele suceder, cuando un libro me gusta demasiado, que me sabe a poco y necesito más, normalmente investigo sobre la temática, el autor y todo los relacionado con la historia. En el caso de que tenga película, antes de acabármelo la empiezo a descargar -a no ser que esté por hacer, entonces me muerdo las uñas hasta que puedo ir al cine a verla, vease Los juegos del Hambre-.

En este caso, leí el libro por el bombo que se le dió a la película, así que me la empecé a descargar y capítulo antes de acabarlo -tenemos que entender que donde yo vivo internet va como el ····- y en un primer momento tenía intención de verla acompañada, pero -lo siento- no pude, necesitaba estirar un poco la sensación que me había dejado la historia.

La adaptación -que es de lo que pienso tratar pues yo de cine no entiendo- es respetable. Si hubiese escrito esto basándome en la primera hora de la película hubiese dicho que era casi perfecta, salvando el que no se pueden adaptar tantas páginas en 146 min. y sé que hay cosas que se eliminan -me costó años entender esto-, llevaban el ritmo de la historia, respetando la cronología y la idea de cada historia, incluso respetaron detalles que aunque pequeños eran importantes para la historia. Pero cuando ya me había convencido de mandar un regalo a quien la adaptó, el señor o señora que lo hizo decide cargarse la real historia de la criada que Skeeter tenía de pequeña, y el por qué había desaparecido, un por qué lleno de importancia pues mezcla el racismo que existía de los negros a los blancos con el de los negros hacia ¡SPOILERS! una niña negra albina, es decir, una niña que no encaja en ninguno de los dos mundos, por una hija negra respondona -¿perdona? ¿vino a algo eso? ¿en que ···· estaban pensando?-. Tampoco me pareció muy correcto que todos conociesen ya la enfermedad de la madre de Skeeter, puesto que en el libro se va descubriendo poco a poco, y no es tan liberal como la ponen.

En cuanto a al estilismo, adoré cada uno de los vestidos que llevan, pero sobre todo las gafas de Skeeter, su máquina de escribir y el coche que conduce -que, se supone, es de su madre-.

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jueves, 1 de marzo de 2012

Tempus fugit

Ha empezado Marzo. Sin darme cuenta han pasado dos meses de este año y han parecido un suspiro. Siempre me ha asustado el paso del tiempo, desde que era pequeña, pero no por lo de envejecer o morir, si no por el miedo de no usar bien el tiempo a no haber hecho nada interesante, lo que descuerda con mi refinada habilidad de perder el tiempo, en todo.

Soy una experta en desaprovechar el tiempo, primero en el instituto repitiendo dos veces y perdiendo dos años, yéndome a Santiago a “estudiar” a sabiendas de que no era una buena idea y, efectivamente, no resultó productivo y volví y perdí otros dos años. Ahora tras perder cuatro años siento empezar de nuevo, pero con el peso de esos cuatro años de “retraso” o de “pérdida”.

Pesa y duele, ver como el resto de personas de tu edad están acabando y empiezan a hacer su vida, y yo hace tiempo que veo que todo son fracasos y que no avanzo en nada, a veces tampoco sé que quiero hacer con mi vida y todo es un desastre, veo que sé un poco de casi todo, pero no soy especialista en nada.

La sociedad parece que te obliga a saber como será tu vida con antelación lo que quieres hacer, donde hacerlo, con quien compartirlo y como llevarlo a cabo. Y aquí estoy yo, dejando para mañana todo, incluso el que hacer con mi vida porque soy incapaz de planear algo más lejano que el día siguiente y a veces ni los próximos cinco minutos.